Los Centros Residenciales de Acción Educativa acogen a niños, niñas y adolescentes en situación de desamparo que necesitan una alternativa de convivencia estable dentro del sistema público de protección. Los CRAE ofrecen un entorno seguro y protector desde el que dar continuidad al desarrollo personal, emocional, educativo y social de cada niño, niña o adolescente.
La vida cotidiana es el principal espacio de acompañamiento. Los equipos educativos ofrecen apoyo en la organización del día a día, la escolarización, la salud, las relaciones, el ocio, la convivencia y la adquisición de habilidades. Cada niño, niña o adolescente dispone de un proyecto educativo individualizado, adaptado a sus necesidades, características, preferencias y momento vital.
La construcción de vínculos seguros y estables es esencial para generar confianza, ofrecer protección y sostener los procesos de cambio. La intervención tiene en cuenta el impacto de las experiencias adversas y traumáticas, promueve la participación activa de los niños, niñas y adolescentes y procura que puedan comprender y expresarse sobre las decisiones que afectan a su vida.
Cuando es posible y adecuado a su interés y al plan de protección, el servicio trabaja para mantener o recuperar los vínculos con la familia de origen y otras personas significativas. También refuerza la relación con la escuela, los servicios de salud y los recursos comunitarios para evitar el aislamiento y favorecer experiencias cotidianas vinculadas a la comunidad.
El modelo residencial de ISOM busca crear espacios de convivencia basados en la confianza, la participación y la corresponsabilidad, evitando dinámicas institucionalizadoras. El objetivo es garantizar protección y bienestar durante la acogida y preparar, desde cada etapa, las condiciones necesarias para el futuro de cada niño, niña o adolescente.