El servicio de Vivienda social y/o de emergencia ofrece soluciones residenciales a personas y familias que se encuentran en situación de vulnerabilidad, exclusión residencial o pérdida de la vivienda. Incluye recursos con diferentes intensidades de apoyo, temporalidades y formas de acompañamiento, adaptados a las necesidades de cada persona o unidad de convivencia.
En las situaciones de emergencia, el servicio permite ofrecer una respuesta residencial ante la pérdida o la falta de un hogar y disponer de un entorno seguro desde el que afrontar la situación y construir una alternativa. En otros casos, la vivienda permite sostener procesos de estabilización residencial, inclusión y autonomía con una perspectiva de mayor continuidad.
El acceso a la vivienda se articula con los apoyos que requiere cada situación. El acompañamiento puede incluir apoyo socioeducativo, trámites administrativos y prestaciones, orientación jurídica o económica, mediación y convivencia, formación y orientación laboral, vinculación comunitaria y coordinación con los servicios sociales, sanitarios y otros recursos del territorio.
Más allá de facilitar un alojamiento, el servicio busca favorecer el mantenimiento de la vivienda, el ejercicio de derechos, la recuperación de la estabilidad y el desarrollo progresivo de la autonomía. En los recursos temporales, el acompañamiento se orienta también a facilitar la transición hacia una solución residencial más estable y sostenible.