El servicio se dirige a madres y a sus hijas e hijos que han estado expuestos a situaciones de violencia. Parte del reconocimiento de que la violencia afecta al bienestar, la seguridad, los vínculos y la vida cotidiana de todos los miembros de la familia y de que cada persona necesita una atención específica, adaptada a su edad y situación.
La intervención ofrece apoyo psicológico, jurídico y social para comprender la situación, reforzar la protección y facilitar el acceso a los derechos y recursos disponibles. El acompañamiento respeta las decisiones y el ritmo de cada mujer y ofrece apoyo en los procesos necesarios para recuperar seguridad, autonomía y estabilidad en la vida cotidiana.
Las hijas y los hijos disponen de espacios de escucha y apoyo adecuados a su edad, desde los que pueden expresar lo que han vivido y trabajar el impacto emocional y relacional de la violencia. La intervención procura evitar la revictimización, reforzar los vínculos protectores y favorecer entornos familiares seguros.
Profesionales de distintas disciplinas comparten la valoración y los objetivos de intervención para ofrecer una respuesta coherente a las necesidades de la familia. La conexión con los servicios de protección, salud, educación y comunidad permite dar continuidad a los procesos y sostener la recuperación más allá de la atención directa.