El programa trabaja para prevenir, detectar y atender las violencias que pueden afectar a las personas mayores. Incluye el maltrato físico o psicológico, la violencia machista, el abuso económico, la negligencia, el abandono y otras formas de vulneración de derechos que pueden producirse dentro de la familia, en las relaciones de cuidado o en otros entornos.
Las actuaciones preventivas ofrecen información sobre los derechos de las personas mayores y herramientas para reconocer indicadores de violencia. El programa desarrolla acciones de sensibilización con las propias personas mayores, las familias, los equipos profesionales y la comunidad para favorecer la detección precoz y una cultura de buen trato.
Cuando se identifica una situación de riesgo o violencia, se ofrecen espacios seguros y confidenciales de escucha, apoyo emocional y acompañamiento para acceder a los recursos psicológicos, jurídicos, sociales o sanitarios necesarios. La relación con los servicios sociales, los centros de salud y las entidades especializadas permite construir una respuesta compartida y sostenida.
La intervención tiene en cuenta que el edadismo, el género, la dependencia, la discapacidad, el aislamiento o la vulnerabilidad económica pueden dificultar el reconocimiento de la violencia y la petición de ayuda. Por ello, prioriza la seguridad, las decisiones y la dignidad de la persona mayor, y evita actuaciones que puedan incrementar el malestar o la revictimización.